Primero se sacaron de la manga la web 2.0 (webs dinámicas donde los usuarios pueden subir/modificar contenido). Más tarde, llegarían las redes sociales (webs dinámicas donde los usuarios pueden conocer a otros usuarios y subir/modificar contenido). Ahora se sacan de la manga el Cloud Computing.
Yo no soy muy fan de estas cosas. Lo de la web 2.0 (el dinamismo en las webs) me gusta porque ofrece unas cuantas posibilidades en varios ámbitos e incluso algunas son realmente útiles. Las redes sociales no me atraen en absoluto dado que no les veo utilidad alguna. Suficiente narcisismo siento ya solo con este blog. Y luego está el Cloud Computing.
¿Qué es el Cloud Computing? dices mientras clavas en mi pupíla tu pupíla azul. ¡Qué es Cloud Computing! ¿Y tú me lo preguntas? Cloud Computing es el sistema mediante el cual tu tienes toda una serie de programas como los que tendrias en tu pc (Office, visor de pdf’s, gestor de correo, etc…) en unos ordenadores en alguna parte y que podrías utilizar desde tu pc via internet, normalmente mediante web. Un ejemplo de ello es el Google docs.
Es tener una especie de PC remoto controlado por terceros (¡chan, chan, chaaaaan!¡Bertovisión!) donde puedes hacer lo que normalmente haces con tu PC y almacenar allí también tus datos (¡chan, chan, chaaaaan!¡Bertovisión!). ¿A que os mola que vuestros datos estén en un servidor controlado por Google o Microsoft? Pues básicamente eso es el Cloud Computing (no confundir con el Grid Computing, que es tener tu PC en una red a la que prestas capacidad de cálculo permitiendo que algo se ejecute en segundo plano usado en proyectos científicos como el SETI).
En fin, otro pasito más en el mundo web. Personalmente, el Cloud Computing me convence tanto como las redes sociales. No diré que no debería existir o que no lo vaya a usar, pero desde luego no será para cosas importantes. Actualmente he usado google docs para compartir cosas como información sobre partidas de rol y para que mi correctora y mi editora puedan ver lo que escribo de mi libro historia antes de publicarlo (fin de la publicidad subliminal).
Paso de dejar mis datos, mis proyectos importantes, y mis historias en un lugar ajeno. Paso de que esos datos no estén disponibles si no dispongo de conexión a internet. Paso de que los programas que uso estén sujetos a la configuración que les de la gana a terceros que encima son entes inhumanos (grandes corporaciones en su mayoría) y a los que les va a dar igual si usan mis datos para algo ilegal y les demando.
Paso de todo y con eso me sobra y me basta porque aquí cada cual es libre de fustigarse tan dolorosamente como quiera, pero si hay algo que me toca la moral, la fibra y me pone de los nervios es la histeria de la gente ignorante que van de modernos y super-entendidos hablando de “nuevos modelos de negocio” o “Productos indispensables para el uso cotidiano en la realidad actual”.
Si el futuro es usar un iPhone para poner en el twitter las pajas que me estoy haciendo en el baño un sábado a las 11:37 de la mañana, manda huevos. Si el nuevo modelo de negocio es que un señor con traje cuente toda su vida en una web con el fondo azul cyan, manda huevos. Y si todas esas cosas son “productos indispensables para el uso cotidiano en la realidad actual” entonces manda más huevos aún.
Me van a perdonar, pero aunque es cierto que internet ha cambiado el modo de vivir de las personas y el modo de entender la realidad, por favor, dejen las banalidades a un lado, hagámos cosas productivas pero no perdamos el norte. Internet es una herramienta más para el trabajo y el ocio, pero no lo convirtamos en una forma de vida, porque nadie puede vivir sentado en una silla ante una pantalla o pendiente de un cacharrito táctil y de que haya conexión a internet allí donde vayas.
Y si lo que quieren es socializar vayan a algún pub/bar/local donde puedan conocer a gente en persona y compartir inquietudes. Les aseguro que es una experiencia mucho más enriquecedora que leer comentarios en el facebook hechos por una persona a la que dentro de cinco años ni siquiera recordarán.
Pryrios de Hyperion