Desde agosto, ando jugando al wow. En dos meses se pueden descubrir muchas cosas que sospechabas, pero que no habías visto. Yo conozco al menos a dos Hardcore Gamers y al menos uno de ellos me comenta a menudo en el blog (Hola, Charlie!).
A mi me encantan los videojuegos, pero no soy un Hardcore Gamer. Tampoco soy del todo casual, dado que me falta el canto de un duro para ser un hardcore gamer. Pero para serlo es necesario tener dinero y estar dispuesto a gastartelo mayormente en ello, y eso es algo que lamentablemente, no puedo hacer (o gracias a dios!).
Retomando el tema del wow, me encanta cuando los que pasan horas y horas y horas y horas jugando al wow y haciendo instances y raids y bancales y nosequécuantascosasmás, se llaman hardcore gamers y a mi me llaman casual. Que si, que yo soy un casual player del wow, pero si ellos dicen que son Hardcore Gamers (las mayúsculas son intencionadas), entonces están insultando al menos a dos amigos míos.
Una persona que tiene varias consolas, que se compra casi todas las novedades guapas (y las no tan guapas o mainstream) y que está al día de todo el tema de hardware, ya no solo de ordenador sino también de las consolas, eso es un Hardcore Gamer. Además, un Hardcore Gamer no tiene por qué renunciar al resto de su vida social (y eso está más que demostrado). Un crío sin vida social que se pasa horas y horas jugando yo no lo puedo considerar un Hardcore Gamer.
La diferencia vital es que un Hardcore Gamer vive por y para los juegos, en general, y disfruta viendo su evolución en los distintos ámbitos. Un ansias del wow es otro mundo aparte, que vive en su propio mundo wowero pero que realmente no tiene ni idea de nada. Un Hardcore Gamer puede que un día tenga la posibilidad de introducirse en el mundo del videojuego, porque sabrá de que va la cosa. Un Wowero que va de “hardcore”, el día que aparte la cara de la pantalla, se va a llevar una hostia de algo llamado “Realidad”.
Creo que la pequeña diferencia que hay es clave. ¿No crees, Charlie?