Estar solo

Posted in Humor, mológonos by Pryrios on August 20, 2008 6 Comments
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No, este no es un post de esos emos sobre lo injusta que es la sociedad y lo solo que me siento. Tampoco voy a hablar de la de amigos que tengo y de que la sensación de soledad es como un espejismo del alma ni nada de eso. No, hoy voy a hablaros de quedarse solo en casa.

Según la DRAE:

libertad.
(Del lat. libertas, -ātis).
1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

Yo no se si os habéis quedado nunca solos en casa, pero es lo mejor que os puede pasar nunca, al menos si es que no vivís ya solos. Como os envidio, solteros que vivís solos en vuestras casas y os lo podéis permitir. Yo, que soy un joven universitario como Dios manda, aún vivo en casa de mis padres y ahora que es verano, se han largado de vacaciones mientras yo, que soy un joven universitario como Dios manda, tiro mis vacaciones de verano por el retrete trabajando. Así pues, me he quedado totalmente solo en casa.

Quedarse solo en casa en verano es un regalo que Dios nos da a los jóvenes universitarios como Dios manda. Entre otras cosas, nos permite traer a casa a nuestros amigos, hacer fiestas y a no permitir que los vecinos que aún están en sus casas, ya sea porque no han ido todavía de vacaciones o porque ya han vuelto de las mismas, puedan pegar ojo durante el fin de semana. Y a ver quien es el majo que les dice a todos esos adolescentes y post-adolescentes borrachos que se callen.

Eso si, quedarse solo tiene también sus inconvenientes. Por ejemplo, la lavadora, esa gran desconocida. Preguntad a cualquiera entre los 17 y los 25 años, ya veréis. No hay cojones a saber como se pone una lavadora. Y lo peor es que no te atreves a llamar a tu madre, que está de vacaciones, para que te lo explique otra vez, porque ya te lo explicó en su día y no quieres quedar como un tonto inútil. Si, el mismo día que se fue, por la mañana temprano. Las madres tienen esa manía: te hablan por las mañanas, cuando aún estas sobando y no te enteras de nada y luego pretenden que te acuerdes de todo lo que te han dicho. Al parecer, nadie les ha explicado que en ese momento las orejas, la boca y el cerebro no están conectados a la vez, pero ese es otro tema.

Otro inconveniente es la limpieza en general. Asumámoslo, un chaval de menos de 25 años NO ES LIMPIO. Simplemente no está en su naturaleza, como un león no come sopa o una marsopa no se toma un helado. Y la casa tiene una tendencia muy, muy fea a irse ensuciando sin causa aparente, cosa que yo no entiendo, pero lo peor es que lo hace más rápido si en la casa hay solamente un joven viviendo solo. A los dos días, la cocina es una selva impenetrable y al cuarto de baño hay que entrar con una bombona de oxígeno. Y claro, todo eso hay que limpiarlo pero, ¿quién lo va a hacer?¿El mismo tío que no es capaz de meterse en la ducha por si destiñe?¡Ja!

Pero tarde o temprano se produce una situación en la que el individuo solitario se ve forzado a la limpieza. Es inevitable. Es aquél momento en que ya no quedan sartenes para freír más salchichas ni ollas para hacer más platos de pasta. Miras el fregadero y ves la Ominosa Pila de Cacharros Sucios, llena de sartenes, cazos, ollas y utensilios de cocina. En ese momento, sabes que tienes que limpiar, pero no quieres. Miras el monedero por si te puedes pedir otra pizza más y así evitas cocinar y ya no te queda ni un duro. Además, tus padres van a llegar al día siguiente y tienen que encontrarlo todo limpio o sabes que no te van a dejar otra vez solo. Todo se pone en tu contra, es una conspiración.

Así que coges el estropajo, el bote de mistol y llenas la pila de agua. Ver a un joven lavando platos cuando no lo ha hecho en toda su vida es la cosa más tensa que se ha hecho desde la película Psicosis. Ves al tío ahí, cogiendo los platos con la punta de los dedos, con asco, como si estuvieran llenos de material radioactivo, y pasándole el estropajo como con miedo. Si le miras la boca, puedes incluso ver que está rezando a Dios, solo por si así se limpian mejor. Y te da la sensación todo el rato de que el plato se le va a caer de la mano y se va a romper. Es escalofriante.

Al final ya, cuando estas metido en el ajo es otro cantar. Los platos ya los tienes por mano, la cocina entera de hecho. Y el baño, bueno, si has pasado el trauma de la cocina, es un poco menos desagradable. Incluso si no te has cansado mucho (recordad que estamos hablando de adolescentes y universitarios como Dios manda, y se cansan muy rápido), coges y barres el suelo. Y miras la casa, que tampoco es que esté impecable, pero al menos ya no es una leonera y piensas: “Jo, que adulto y responsable que soy”. Ya no te acuerdas de tus inicios.

No obstante, lo mejor que tiene el quedarse solo no son las fiestas ni la sensación de madurez ficticia. No, lo mejor que tiene quedarse solo en casa es poder ir en pelotas todo el santo día sin que nadie te diga nada. Eso es libertad absoluta y lo demás es tontería. Ir en pelotas por casa es lo mejor que podéis hacer. Primero, es un ahorro en agua. No hay que lavar tanta ropa porque no usas ropa. Segundo, es un ahorro en energía. No hace falta poner aires acondicionados ni ventiladores, porque tu ya vas fresquito. Y tercero, es un ahorro en tiempo porque si tienes que mear, cagar o bueno, hacer todo lo que un joven hace en el cuarto de baño, el ponerte es casi instantáneo. Todo son ventajas.

La lástima es que ir desnudo por casa es algo que solo puedes hacer si estas solo. La desnudez suele incomodar al resto de la gente y presenta algunos problemas. Si están tus amigos, alguno podría incomodarse si te pones a hablar con su novia mientras estás desnudo. Si están tus padres, el incómodo eres tu si es que eres chico, porque tu madre siempre tiene el mismo comentario respecto a tu desnudez: “Cuándo eras un bebé la tenías muy chiquitita” y se ríen. No, si te parece tendría que haber tenido el pollón de Rocco Sifredi. Y si estas con tu novia y ella también va desnuda, bueno en fin, no hace falta explicar qué estaría pasando todo el día. Hablamos de jóvenes entre los 17 y los 25. Si no pasa, es que hay un problema.

En resumen, que quedarse solo en casa no es solo un regalo de Dios a los que somos universitarios como Él manda, sino que debería ser un derecho contemplado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Gracias por leer esta pequeña diatriba y hasta la próxima ;)

Pryrios de Hyperion