Como si de un amante se tratara
con los pétalos de una margarita
el tiempo nos arrebata
fragmentos de nuestra vida.
No hay dolor más dulce
que encontrate con el pasado
y ver que ya no es nuestro
que ya nos ha olvidado.
Así es la vida y así son las personas. Algunas mas cordiales y otras más frias. No importa lo vivido en el pasado, porque pasado está. Esos compañeros que una vez tuve con los que intercambié y compartí las notas de mi violín y con cuyos pensamientos pude entrar en contacto, y ellos con los mios, ahora me son ajenos y yo lo soy para ellos. Aquella chica de aquel verano que ahora ya queda tan lejos con la que compartí la inexperiencia de la adolescencia se debe acordar de mi tanto como yo me acuerdo de su nombre. Mis compañeros de aventuras y excursiones en Sierra Nevada me recuerdan y me abrazan cuando me ven, pero su gesto no pasa de la mera cortesía hacia un antiguo amigo que te dejó de lado.
Abandonamos cosas a lo largo de la vida y no nos damos cuenta de que abandonar no es lo mismo que perder. Si pierdes una amistad o un amor, puede que lo vuelvas a recuperar porque nunca quisiste dejarlo. Si en cambio lo abandonas, estás apartando una parte de tu vida y tirándola tan lejos que jamás puede regresar.
Todo eso no está mal. Es como deben ser las cosas. Si no tuvieramos el valor de abandonar nuestro pasado en busca de un futuro, no dejariamos de ser niños nunca. No aprenderiamos ni valorariamos lo que obtenemos a cambio. El problema es intentar recuperar lo pasado porque entonces tendrías que renunciar al presente y por lo tanto, lo perderías todo. Puedes recuperar una parte del pasado, pero lo que obtienes a cambio no es lo mismo y no llena igual que cuando lo viviste en su momento.
Lo que no puedes perder nunca bajo ningún concepto es la experiencia. Yo no he perdido la música, ni las ganas de amar y ser amado ni tampoco he perdido de vista que significa la amistad. Lo aprendí hace tiempo, con otras personas y en otro lugar. Y ahora, cuando me siento solo, tengo la dulce punzada de la nostalgia que me abriga y me abraza hasta que, por fin, vuelvo a estar con las personas de mi presente que me alivian la carga de ser persona y estar vivo.
Porque lo que es triste de verdad no es perder el pasado, sino olvidarlo.
PD: Me hubiera gustado plasmar todo esto en un poema, pero me falta la imaginación y el talento suficiente como para hacerlo en poco tiempo. Dejo esto por escrito para retomarlo algún día cercano.