Pobre violín
Hace unos meses en el metro de Barcelona vi a un hombre tocando un violín. Me quedó grabado en la cabeza porque yo soy violinista y puedo constatar que el tipo tocaba muy bien. Tocó algunos trozos de las Cuatro Estaciones de Vivaldi y luego algunas piezas menos conocidas con bastante virtuosismo. Tampoco es que el tío fuera un Itzhak Perlman o un Yehudi Menuhin pero sabía lo que hacía. Solo lo he visto una vez.
Me pregunté y me pregunto todavía qué diantres haría ese tipo tocando en un metro cuando podría estar en cualquier otra parte mejor. Como en una orquesta pequeña o un cuarteto o lo que fuese. Quizás tenga que ver el hecho de que parecía ser de alguna parte de oriente medio o del norte de áfrica.
Desde hace unos días, durante esta semana, he visto a otro violinista. En concreto, el polo opuesto. Éste es un tipo que por no tener, no tiene ni el menor sentido del ritmo. Es decir, sí que tiene un cierto ritmo porque va acompañado de su mujer que toca una pandereta de los chinos. Pero las canciones que toca, piezas populares, son interpretadas en versión libre, o lo que es lo mismo, dejándose por el camino algunas notas y añadiendo otras de propia cosecha de forma que convierte la pieza en algo parcialmente reconocible. En cuanto a técnica de violín, me pregunto si será por tipos como ése que Sota odia los violines. Lo comprendería.
Curiosamente, también me pregunto que coño haría ese tipo ahí. Si yo fuera una persona menos civilizada, le hubiera arrancado el violín de las manos y lo hubiera roto. Hubiera sido mas humanitario con el violín (violinitario). Lo peor es que a este tío llevo ya cuatro días seguidos viéndolo y cada día me da más rabia la forma en que aporrea y rasga al pobre instrumento. Y a distintas horas, para más inri. Ni siquiera puedo calcular la hora para evitarlo.
En fin, que lástima da todo, de verdad.
No.
Odio los violines porque hacen el mismo ruido que un gato arañando una pizarra. Siempre e independientemente de quién lo toque.
El único instrumento de cuerda y arco que hace un sonido aceptable es el contrabajo. Y según quién lo toque.
En ese caso, tendremos que achacar tu odio a los violines a un simple problema auditivo. Quizás no percibas algunas longitudes de onda o algo similar…
es curioso, ayer vi un violinista acompañado por una señora con una pandereta (o algo así), tocando como dices, osea lastimosamente y sentí una mezcla de sentimientos: Compasión y aversión..Era en un tren de cercanías por Martorell.