Desanimado

Posted in Día a día by Pryrios on November 30, 2009 No Comments yet
No Gravatar

Ya sé el por qué de la anterior entrada. Es por una tontería, cómo no. Mi práctica está bien, pero por un nimio detalle, solo cuenta la mitad.

Y ahora vendría una enorme rajada repleta de elaborados y sofisticados insultos y aliñada con terrible sarcasmo y cruel ironía.

Pero la verdad es que me siento más bien desanimado.

La situación no es muy mala, porque esa práctica en concreto cuenta un 0,2 o un 0,25 de la nota final de la asignatura, por lo que debo tener un 0,1 o un 0,12. Si por un 0,1 tuviera que suspender, la verdad es que más vale que deje estar la carrera.

Hay veces en que ya da igual todo: Si te lo curras más, menos, si vas a clase, si no vas, si la abuela fuma, si el abuelo bebe… En fin, que como da lo mismo, todo lo que me queda es suspirar, girarme y seguir adelante.

Es solo que, por cosas como estas uno va perdiendo las ganas. Antes me preguntaba por qué mi tio dejó la carrera de arquitectura en su último año. Ahora ya se por qué.

A tocarse los huevos a dos manos

Posted in De otro planeta by Pryrios on November 24, 2009 No Comments yet
No Gravatar

Si alguien es capaz de explicarme por qué dos prácticas idénticas son merecedoras una de un 10 y otra de un 5, que me lo diga por favor.

Si, yo soy la del 5 y hoy estoy de un humor deliciosamente cabreado.

Y ya no diré nada más.

Pobre violín

Posted in De otro planeta, Música, Personas by Pryrios on November 20, 2009 3 Comments
No Gravatar

Hace unos meses en el metro de Barcelona vi a un hombre tocando un violín. Me quedó grabado en la cabeza porque yo soy violinista y puedo constatar que el tipo tocaba muy bien. Tocó algunos trozos de las Cuatro Estaciones de Vivaldi y luego algunas piezas menos conocidas con bastante virtuosismo. Tampoco es que el tío fuera un Itzhak Perlman o un Yehudi Menuhin pero sabía lo que hacía. Solo lo he visto una vez.

Me pregunté y me pregunto todavía qué diantres haría ese tipo tocando en un metro cuando podría estar en cualquier otra parte mejor. Como en una orquesta pequeña o un cuarteto o lo que fuese. Quizás tenga que ver el hecho de que parecía ser de alguna parte de oriente medio o del norte de áfrica.

Desde hace unos días, durante esta semana, he visto a otro violinista. En concreto, el polo opuesto. Éste es un tipo que por no tener, no tiene ni el menor sentido del ritmo. Es decir, sí que tiene un cierto ritmo porque va acompañado de su mujer que toca una pandereta de los chinos. Pero las canciones que toca, piezas populares, son interpretadas en versión libre, o lo que es lo mismo, dejándose por el camino algunas notas y añadiendo otras de propia cosecha de forma que convierte la pieza en algo parcialmente reconocible. En cuanto a técnica de violín, me pregunto si será por tipos como ése que Sota odia los violines. Lo comprendería.

Curiosamente, también me pregunto que coño haría ese tipo ahí. Si yo fuera una persona menos civilizada, le hubiera arrancado el violín de las manos y lo hubiera roto. Hubiera sido mas humanitario con el violín (violinitario). Lo peor es que a este tío llevo ya cuatro días seguidos viéndolo y cada día me da más rabia la forma en que aporrea y rasga al pobre instrumento. Y a distintas horas, para más inri. Ni siquiera puedo calcular la hora para evitarlo.

En fin, que lástima da todo, de verdad.

Un resumen de lo que es la carrera de informática en la UPC

Posted in De otro planeta, Hasta Los Cojones, Informática by Pryrios on November 14, 2009 3 Comments
No Gravatar

Estoy trabajando en una práctica. No es muy complicada, pero es de una materia bastante específica como para que no sea fácil. Vamos a usar un poco de vocabulario técnico para legos:

- Compilar: Pasar, mediante un programa específico para ello, de línias de código de programación a un ejecutable. Es una simple traducción de una cosa escrita a algo que el ordenador pueda entender para que se vean cosas por la pantallita y todo eso. El codigo ejecutable es ilegible para una persona (o al menos una persona normal).

- Arquitectura de un ordenador: Actualmente hay dos arquitecturas coexistiendo: la de 32 bits, más vieja, y la de 64 bits, más nueva. Seguro que habéis oido lo de Windows XP de 32 bits o de 64 bits y tal. Esto significa que, internamente, un ordenador hace las cosas de forma distinta según si es de 32 bits o de 64 bits.

Si sois un poco avispados, habréis notado que compilar un código en una máquina de 32 bits hará que la máquina de 64 bits no sepa como usar ese ejecutable y no funcionará. Si eso fueran idiomas, imaginad que vosotros sabéis escribir en castellano (código escrito vuestro) y que teneis ordenadores que o bien entienden el inglés (32 bits), o bien entienden el francés (64 bits). Si traducís al inglés (compilais a 32 bits), solo funcionará en el ordenador de inglés. Si lo traducís al francés (compilar a 64 bits) pues solo al francés.

- Libreria: Conjunto de archivos hechos por otras personas que puedes utilizar en tu programa. Digamos que son programas compilados (traducidos) anteriormente de modo que tu no ves el código pero te dan un libro de instrucciones de como se utilizan. Hay que ir con cuidado porque una misma libreria tiene una version en 32 bits y otra en 64 bits y tienes que utilizar la correspondiente al sistema para el que quieres compilar. Es decir, si quieres compilar para 64 bits, tienes que usar la librería de 64 bits o viceversa con 32.

Si no habéis entendido algo, volved a leer, que no es tan difícil :P En realidad, lo de 32 bits y 64 bits no depende de la máquina, sino del SO. Si la máquina es de 64 bits, soporta sistemas operativos de 32 también, aunque al revés no pasa lo mismo, pero eso tampoco tiene mucha importancia para lo que explicaré a continuación.

En mi práctica de la que hablaba al principio, tengo que compilar el programa que estoy elaborando. Ese código no lo he hecho desde cero yo, si no que me dieron una parte del código ya hecho. Y me dieron unos archivos de configuración para poder compilar con facilidad esa práctica. En principio esos archivos estan elaborados de tal manera que te detectan para qué máquina vas a hacer la traducción y utilizan los comandos adecuados para compilar o bien a 32 o bien a 64 bits. Eso incluye la selección de librerias, que en principio también la hacen esos archivos de configuración.

Yo en casa trabajo con 64 bits. En la universidad, al parecer, usan 32 bits (que por cierto, otro día hablaremos de lo “al día” que estan en una facultad de informática). Eso no sería problema porque, como ya hemos dicho, los archivos de configuración hacen la selección de compilador y librerias.

Bueno, pues hay una librería en concreto que, en un archivo de configuración de los que me han dado ellos, han puesto explicitamente a 32 bits. Así, con dos cojones, uno de acero y el otro de titanio. Una sola librería de las varias que se utilizan (que igual estamos hablando de 30 o 40 archivos de librerías o más) la han puesto para que los archivos de configuración solo puedan coger la de 32 bits. Que si eso fuese una cosa fácil de ver, oye, no hay problema alguno. Pero te dan como unas dos o tres docenas de archivos y en principio hay unos cuantos que no necesitas tocar. De hecho, sobretodo esos de configuración, no los debes tocar porque luego ellos tienen que poder compilar en los ordenadores de la facultad tu práctica y ver que funciona.

La solución, por suerte, es sencilla: cambiar el archivo aquí en casa (simplemente hay que añadir el numero 64 en un sitio concreto), tirar millas y luego revertir los cambios cuando lo quiera compilar y ejecutar en la uni (que lo haré solo por asegurarme).

Eso sí, era algo totalmente innecesario de hacer que encima no tiene nada que ver con lo que tengo que demostrar que conozco con esta práctica. Eso me ha hecho perder un par de horitas aproximadamente intentando localizar el error que me daba, dos horas que no me va a devolver nadie y que no me han servido para absolutamente nada.

Y ese párrafo anterior, damas y caballeros, es la tónica que se respira día sí y día también en la facultad de informática de la UPC. No solo en esa asignatura, sino en muchas más.

Por suerte, me queda poco en el convento.

2147

Posted in Cuentos by Pryrios on November 12, 2009 No Comments yet
No Gravatar

Lya despertó de un largo sueño y lo primero que sintió fue frio. Intentó abrir los ojos, pero le costaba mover los párpados. Le dolían. En un primer momento, le entró vertigo y pánico: no veía nada. Poco a poco, formas borrosas se fueron formando en su campo de visión. Estaba metida en una suerte de armario metálico con cristales, desnuda en el interior de una especie de capsula.

La luz se colaba por un resquicio, iluminando tenuemente la habitación. Cuando sus ojos terminaron de adaptarse, distinguió otras capsulas, en su mayoría vacías o rotas con su ocupante aplastado dentro. La mitad de la sala se encontraba en ruinas. Hizo unos cuantos intentos de salir de la capsula, pero tuvo que tropezar hacia adelante para poder salir, revolcándose por el suelo. Seguía sintiendo un frío intenso y se abrazó. Tuvo una arcada, pero no salió vomito de su boca. Ni siquiera bilis. Incluso aunque tenía ganas de llorar, tampoco le salían lágrimas.

Su mente empezó a situarse y poco a poco fue ganando control sobre si misma. Ahora ya no sentía el frio intenso de antes, estaba entrando en calor, aunque todavía hacia frio. Haciendo un esfuerzo, logró ponerse de rodillas. Divisó la puerta de la habitación y se dirigió hacia ella medio arrastrándose medio gateando. Notó como la sangre volvía a circular con normalidad y le volvían las fuerzas poco a poco. Ayudándose con el marco, se puso de pie. Dió unos pasos tentativos en la nueva sala en la que estaba. Ahora podía sostenerse en pie.

Había algo más de luz, de otro agujero mayor en el techo. La sala era rectángular y estaba entera. A un lado había una banqueta larga, al otro pequeños armarios compartimentados de chapa y al fondo otra puerta. Abrió uno de los armarios y la luz se reflejo en un espejo que le devolvió su propia imagen. Lya era una muchacha que no pasaría los veintinueve años, con el cabello rojo y corto y ojos verdosos. Su cuerpo sugería el de una joven belleza que había pasado demasiada hambre. Su estómago despertó al pensar en ello y se dió cuenta que no solo estaba deshidratada sino también muerta de hambre.

Vió ropa en el armario y aunque por su aspecto estaba muy vieja, se la puso con la esperanza de abrigarse del frio del lugar. Echó a andar por la otra puerta. Se encontraba en alguna especie de base o laboratorio subterráneo.  No recordaba aquel lugar ni sabía que hacía allí. De hecho, solamente tenía difusos fragmentos de su pasado que no sabía como ordenar por el momento. Sin embargo, la necesidad de encontrar agua o comida era mucho más apremiante.

Vagó por túneles y escaleras, por habitaciones y salas sin dar con nada hasta que, después de una eternidad, encontró la salida. El sol la deslumbró y volvió a sentir dolor en sus párpados. El vértigo hizo que tuviera que apoyarse en una roca sobre la cual estaba excavada la puerta de aquel lugar. Poco a poco, sus ojos se fueron acostumbrando a la luminosidad. Vió un par de hangares cercanos con varios vehículos destartalados y oxidados. El pavimento daba la sensación de tener muchos años y de no haber sido arreglado en todos ellos, con partes fragmentadas y gravilla por todas partes. La vegetación formada por arbustos y malas hierbas había colonizado el lugar.

Divisó no lejos de allí un riachuelo y caminó hasta él. La dificultad del terreno comparada a los llanos pasillos de la base le representó un grave obstáculo, pero la apremiante sed le hizo superarlo. Se agacho sobre el rio y tendió las manos para coger un poco de agua que se llevó a la boca. Sabía que no debía beber demasiado de golpe o le sentaría mal, así que tomó unos cuantos sorbos y esperó a ver que tal le caía. Repitió la operación unas cuantas veces más y aprovechó para lavarse la cara. Poco a poco, el Sol terminó de calentar su maltrecho cuerpo. Después de beber y gracias al recién recuperado calor se sintió con más fuerzas y se puso en pie.

No sabía donde estaba, ni por qué estaba allí. No sabía hacia donde ir, pero había una carretera. Decidió seguirla, parecía la apuesta mas segura para encontrar a alguien.

Los martes me agotan

Posted in Día a día by Pryrios on November 10, 2009 6 Comments
No Gravatar

Ya se de qué NO quiero trabajar de mayor: de programador web. En el proceso de “fabricación” de una página web o mejor dicho, de una aplicación web o mejor dicho, de un sistema de información via web, que es a lo que me dedico yo actualmente, intervienen dos partes: diseño gráfico y programación de la lógica. Yo me dedico mayormente a lo segundo, pero como en todas partes, al final acabas haciendo también de lo primero.

No voy a entrar en detalles, pero en el mundo de la programación web hay dos graves inconvenientes: Los clientes, que te tocaran los cojones tanto como puedan y más si son importantes y la tecnología, que como los estándares se los pasa todo el mundo por el forro de los huevos, salvo dos o tres casos puntuales, te hace hacer prácticamente magia para poder conseguir los efectos deseados.

Añadele una ración pequeña de intermediarios y aderezalo con pocos fondos y tienes un cacao bastante interesante. La verdad es que todo, en conjunto, es un verdadero coñazo. Podría ser peor, porque podría estar trabajando en una consultoria muchas horas y sin poder ligarlo con la finalización de mis estudios. Estoy trabajando en un sitio de puta madre, con gente muy maja y cobrando y eso compensa con creces todo lo demás. Pero sigo pensando que es un coñazo de trabajo.

Bueno, quizás solo sea porque hoy es martes y hago jornada completa para compensar que el lunes no voy al curro. Mañana será otro día.

Volviendo a empezar

Posted in Día a día by Pryrios on November 9, 2009 1 Comment
No Gravatar

Ha pasado ya mucho tiempo desde el último post y mucho más desde el último post con sentido. Es hora de hacer borrón y cuenta nueva, pero esta vez sin borrar el blog. Simplemente me he limitado a lavarle un poco la cara, ocultar un poco los posts anteriores (que ahí se quedan, de todos modos) y volver a empezar.

A medida que pasa el tiempo, las personas vamos atravesando fases o momentos o como queráis llamarlo. Algunos de esos momentos son buenos, otros malos, algunos son ajetreados, otros más tranquilos, otros increíbles, etc. Yo he pasado por un momento de no tener ningunas ganas de escribir por aquí (no se si lo habéis notado) y no por falta de temas. Desde que abrí Cartas desde Hyperion, creo que he escrito más bien pocas cosas que me gusten y eso, en esto del blogging, no puede ser.

Veréis, yo aunque no lo pueda parecer, soy un poco cabrón (o capullo, según se vea). Por ejemplo, detesto leer posts de gente opinando sobre cosas sobre las que realmente no tienen ni puta idea. O voy caminando por el campus y fijándome en la gente mientras pienso lo increiblemente idiotas que son muchos de ellos, que no tienen ni puta idea de lo que estan estudiando, pero se sacan la carrera por inercia. ¿Habéis leido la misma expresión dos veces? Si: “ni puta idea”. Así, sin tener en cuenta que todo el mundo esta aprendiendo. Ole mis huevos.

¡Y los de la ardilla!

¡Y los de la ardilla!

A mi, mi padre solía decirme de pequeño que no tenía que conformarme con ser mediocre, que tenía que ser el mejor. Los profesores solían decir que yo era un chaval de gran capacidad y que podía hacer muchas cosas, pero que no me salía de los cojones hacerlas. La lástima es que yo cuando era pequeño, solo escuchaba a la gente a medias. Era un muy buen observador de mi entorno, pero solo cuando me interesaba. La cuestión es que me falta un algo para cruzar la linea que va de la mediocridad a ser bueno en algo y ese algo es motivación.

Por eso, cuando algo me motiva, me lanzo a ello como un descosido, para ver hasta donde llego. Y entonces me doy cuenta de que tengo otras cosas por hacer: universidad, trabajo, amigos, pareja… Y me doy cuenta de que, por el momento, ninguna de esas cosas puede ser aplazada. Así que me vuelvo a enfriar, pierdo esa motivación y me consuelo en el hecho de que me falta muy poco para acabar la carrera. Sigo teniendo veinticinco años y me queda mucho por delante para dar rienda suelta a mis motivaciones reales, pero por otro lado, no puedo dejar de tener la sensación de estar perdiendo mucho tiempo. Y en el fondo, no soy muy distinto (de hecho nada distinto) de los que escriben posts sin tener ni puta idea o cursan una carrera sin tener ni puta idea.

Otro chaval confuso más, vaya por dios...

Otro chaval confuso más, vaya por dios…

Por eso, ahora tengo una motivación para escribir aquí otra vez: Sin tabues, sin complejos y sin ningún tipo de vergüenza, pienso exponer todo lo que me de la gana.

Este va a ser un blog de mi vida, de mis descubrimientos personales y de mis gustos y aficiones: rol, snowboard, libros, videojuegos, ordenadores, música, cine, programación, juegos de mesa, viajes, monos… No intentaré no poner posts superfluos donde divago porque entonces no sería yo: Un chaval de 25 años, confuso a ratos, con ganas de hacer cosas y con ganas de disfrutar haciéndolas. Y que le den por culo a la mediocridad o a la genialidad. Para mi genial será ser yo mismo.

¡Miradme a la cara cuando os hablo serio!

¡Miradme a la cara cuando os hablo serio!

Y por cierto, por aquí va a haber muchos monos…