Hace mucho tiempo en un país muy cercano…

Posted in Historia Antigua de Hyperion, Opinion, Política by Pryrios on November 21, 2008 1 Comment
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Cuenta una historia tan vieja como Jesucristo cuando fue crucificado que un señor bajito, con bigote y una mala hostia de antología, murió después de una relativamente larga agonía víctima de una enfermedad y su propia edad. Concretamente ayer habían pasado 33 años desde ese evento que marcó un punto de inflexión en la historia de nuestra patria.

Como todos vosotros no sois tontos, no voy a entrar en detalles de quien era ese señor y a qué dedicó su vida, así que saltaremos directamente al resumen: Era un hombre malo, acomplejado, sádico y megalomaníaco. Hizo cosas horribles, cosas que el sentido común no aceptaría bajo ningún pretexto y que no justifica otras cosas que pudiera hacer bien, porque entonces sería como aceptar que para hacer cosas buenas hay que hacer cosas extremadamente malas y eso no es cierto.

Cuando murió ese señor, como ya he dicho, las cosas sin duda cambiaron en este nuestro país. Cambiamos la forma de gobierno y de ver las cosas, arreglamos un poco la fachada de cara al exterior y nos dispusimos a empezar una nueva etapa con más libertades y optimismo.

¡Mentira!

Murió el hombre pero no el deleznable sentimiento. Murió el caudillo pero no el autoritarismo. Murió el dictador, pero no la dictadura. Porque hubo aquí, en nuestro país que declara tan vehementemente su democracia, una dictadura. No tuvimos un holocausto judío, pero tuvimos centenares, si no miles, de pequeños holocaustos autóctonos. La única libertad de que disponían los ciudadanos de aquí, porque como dijo Mel Gibson en Bravheart: “nos pueden quitar la vida pero nunca nos quitarán la libertad”, era elegir entre obedecer o morir. Bueno, también podías huir, vale.

Llegados a este punto, quiero hacer notar que no creo que ésta fuera una historia de buenos y malos, sino de malos y más malos. Porque si los seguidores del dictador eran los más malos (porque lo eran), no se puede decir que los otros fueran necesariamente buenos. Pero es que los que morían, muchas veces no estaban ni en un lado ni en el otro, sencillamente porque la persona media solo quiere disfrutar de su vida y no pelearse y morir por idioteces como política o religión.

También quiero hacer notar la terrible repugnancia que me produce el uso de la violencia para defender cualquier sentimiento político, religioso o nacionalista. No es por el hecho constatado de que si has de llegar a esos extremos es porque ni siquiera tú estas seguro de tus demás argumentos, ni tampoco es porque hace tiempo que vimos que la ley del más fuerte no funciona. Me produce repugnancia porque la gente que practica esa violencia (o que la desea al menos) parece no querer darse cuenta de que por ello otras personas mueren.

Como decía, ha muerto el dictador pero no la dictadura. Porque aún existen muchas personas que viven todavía en 1975. Personas que todavía creen en él y en lo que hacía. No son muchas, pero desgraciadamente tampoco son pocas. Pero no son única y exclusivamente de su bando, sino de los dos. Y se siguen enfrentando unos a otros, ahora ya de una forma más encubierta llamada política, democracia y estado de derecho.

Mismos títeres, misma función, distinto escenario. El guión no ha cambiado y no tiene vistas de hacerlo en un tiempo. Seguimos conformándonos con el mejor de dos males y a veces con el peor, pero es que siguen siendo males. Y no solo en política, también en economía, periodismo y otros campos. Tenemos bufones y buhoneros por todas partes tanto en un lado como en otro. Ya no nos asusta oír según que cosas porque hemos aprendido a oír sin escuchar, pero luego solo necesitamos una pausa de dos segundos para que la realidad nos golpee y nos diga: “si, eso que has oído lo ha dicho un señor en la radio y no está bien”. Para que después nos encojamos de hombros y sigamos con lo nuestro como si nada hubiera sucedido.

Siguen los 3 bandos en pie de guerra pasados 33 años (¿qué significará tanto tres?¿la santísima trinidad?¿casualidad?¿serendípia?) tal y como estaban entonces: los dictadores, los radicales y los demás, los que no estamos de acuerdo con esa guerra pero no se nos ha preguntado. Nuestra es la voluntad de terminar esta soberana soplapollez y arreglar de una vez nuestro territorio, porque somos más que los otros dos.

Pero, si en treinta y tres años no hemos sido capaces de hacerlo aún, ¿cuándo lo haremos?¿Es paciencia o es miedo? Siguen las mismas garrapatas y sanguijuelas enganchadas al famoso toro de Osborne y seguirán ahí hasta que hayan chupado toda la sangre y el toro caiga muerto o hasta que nos cansemos y las expulsemos.

Puede que no lo hayamos hecho antes porque no queremos recurrir a sus métodos, pero ¿hasta donde llegará nuestra paciencia?

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