
Rogus, 18 de Quoras del año 4948 FC – 22:35 hora estándar
Base Cuartel de Riva, Sistema Adrados, Sector Klaus
Hora local: 21:13
- Sois escoria de mierda salida del más infeccioso de los sucios agujeros de esta galaxia – El sargento Romes miró a todos los cadetes que estaban de pie ante él. – Mi tarea no consiste en convertiros en algo mejor. No, vosotros no tenéis remedio. Mi tarea consiste en quitar de en medio a los menos aptos y es una jodida lástima, porque si por mi fuera, os ibais todos a vuestra puta casa a chuparle el coño a vuestra mamaita y así yo no perdería mi tiempo. Así que nenitas, preparaos para un infierno como no habéis conocido nunca que va a durar al menos doce meses y si os las habéis apañado para no morir en ese tiempo, entonces quizás empiece a plantearme que no sois tan condenadamente gilipollas como parecéis ahora mismo.
Hubo un momento de silencio. Alguien tosió.
- ¿Quién ha sido? – preguntó el sargento. – ¿Quién ha tosido? ¡Que dé un paso al frente!
El novato no dudo. Era joven, no más de dieciocho años, con el pelo negro y corto y de complexión atlética, pero no ofrecía un aspecto muy intimidante. El sargento lo miró largo y tendido y luego miró a dos soldados mientras señalaba hacia el recluta. Los dos soldados se acercaron y le obligaron a tumbarse en el suelo. Lo mantuvieron apresado contra el suelo.
- Vais a daros cuenta que aquí nadie hace nada sin mi permiso. No se tose, no se habla, no se mea, no se caga, no se come y no se folla si yo no os lo ordeno explícitamente. ¿Está claro? ¡Tu, el tosedor!¡cincuenta flexiones!
El chico intentó hacerlas, pero los soldados aún lo tenían apresado contra el suelo.
- ¡No me dejan, señor! – gritó el joven.
- ¡Cien flexiones, gilipollas!¡Nadie te ha dado permiso para hablar!¡Apañate como quieras, pero si no haces las cien flexiones en quince minutos, lo consideraré desacato a un oficial y te vas a pasar media vida en el calabozo!
El chico intentó hacer las flexiones. Consiguió levantarse una vez, luego otra e incluso una tercera, pero los otros dos soldados no se lo estaban poniendo fácil. El sargento empezó a formar pelotones con los reclutas cuando se oyó un crujido seguido por un grito de dolor.
Todos se giraron hacia el chaval de las flexiones. A su lado, uno de los soldados se sujetaba una pierna doblada en un ángulo extraño. Ahora estaba sujetando a otro por el cuello, en una sólida presa. El soldado cayó inconsciente y entonces el chico se tumbó en el suelo y empezó a hacer flexiones. El sargento se acercó a él.
- ¿Qué te crees que has hecho, chaval? – le preguntó con tono tranquilo. El joven no respondió y eso hizo sonreír al sargento. – Tienes permiso para hablar, chaval.
- Usted me dio permiso para apañármelas como quisiera para hacer las cien flexiones. Eso es todo lo que he hecho, señor.
El sargento lo evaluó durante un momento y le pidió que se pusiera en pie. El joven lo hizo.
- Tu nombre.
- Delrick Shepard, señor.
- ¿Quién te ha enseñado a pelear así, Delrick?
- Mi padre, señor, Zakarias Shepard, Capitán del Escuadrón Águila Roja del ejército regular del aire, señor.
- Vaya, vaya. Así que tenemos un niñito de papá, ¿eh? Bien, será interesante. Me ha gustado tu iniciativa, pero partes con la ventaja de saber como funcionan las cosas aquí. Para ti este infierno va a ser especialmente duro. Dado que tu padre es un hombre respetable por esta zona, tu a partir de ahora te llamarás Delrick Mamón y me tendrás que demostrar que eres digno de usar el apellido de tu padre. ¿Queda, claro, cadete Mamón?
- ¡Si, señor!
- Bien, para empezar… ¡quince kilometros de marcha ininterrumpida!¡Ya! – se giró hacia Delrick – y tu, termina de hacer las cien flexiones y luego atrapa a tus compañeros. Si llegas el último, vas a limpiar las letrinas con tu cepillo mientras lo sujetas con la boca. ¿Queda claro?
- ¡Si, señor!
Delrick hizo las flexiones y echó a correr después tras su grupo. El sargento no tuvo la satisfacción de verle limpiar las letrinas, pero no le preocupó. Aún quedaban doce meses por delante para putearlo hasta la extenuación. Y quizás, el chaval llegaría a ser alguien.