La verdad es que últimamente me veo pensando en si no estaría mal ser Punisher, el Cuervo o algún otro personaje por el estilo para cobrarme la justicia que la humanidad no es capaz de cobrarse.
Pasamos toda nuestra infancia y adolescencia sin darnos cuenta a penas de lo que sucede alrededor del mundo. Conceptualizamos el bien y el mal como términos absolutos y creemos ser más listos que nadie para distinguirlo. Y asumimos equivocadamente que por norma, la gente es buena, porque al fin y al cabo todos nuestros problemas se solucionan muy rápido. Sin darnos cuenta de que si es así, es por nuestros mayores, que son los que se comen los marrones para que nosotros no los veamos.
Luego viene el día en que tienes que valerte por ti mismo. Y acabas descubriendo de qué pasta están hechas algunas personas. Y te das cuenta de que las personas malas realmente existen. Y no hablo de un tío aprovechado que te vende las cosas más caras de lo que son o el que le das la mano y te toma el brazo.
Estoy hablando precisamente de lo que decía La Reina del Hielo en su post. Es gente que pega a los que puede pegar. Es gente que si te puede robar dinero no le importa que acabes malviviendo en un infierno por ello. Lo peor es que esa gente no lo hacen impulsados por la necesidad (“malo es de pedí, pero mas malo es de robá”), sino simplemente por ambición. Y saben que lo que hacen está mal, pero o no les importa o incluso disfrutan con ello.
Y ese en ese momento en que pienso en qué cara pondrían si llegara yo un día y a punta de pistola los obligase a arrodillarse y pedir perdón tras decirles que les voy a pegar un tiro en la frente. Y pienso en apretar el gatillo y mirarlos a los ojos, comprendiendo que ya no podrán hacer daño a nadie nunca más porque sus miserables vidas terminan en ese momento.
Por suerte luego pienso “no, que todavía no eres Dios”. Y me quedo solo con las ganas…